por Verónica Fernández.

 

Hace casi veinte años que empecé a trabajar en televisión. Desde entonces hasta ahora he sido testigo de cómo el medio ha ido evolucionando y cómo hemos cambiado también los que trabajamos en él. En mis inicios, parecía que la televisión era un arte menor en el que, exceptuando grandes producciones que se rodaban y se producían como si fueran películas, no se podían contar historias de calidad. Como si el hecho de que el televisor fuera un electrodoméstico más de la casa, con su pequeña pantalla, fuera incompatible con crear narrativas nuevas que pudieran estar más allá del puro entretenimiento.

 

¡Cuántas veces escuché eso de que la tele daba de comer a un montón de guionistas que lo que realmente querían hacer era cine! Aún hoy para piropear una buena serie algunas personas sueltan frases del estilo: “parece cine”. Igual que la terrible afirmación “no parece española” se usa para alabar una buena película española.

 

Lo que sí tengo muy claro es que después de haber participado con mi escritura en series de muy variados géneros, de haber transitado todas las cadenas generalistas, de haber sufrido con proyectos que nunca vieron la luz o con otros que sí la vieron pero fracasaron en su cuarta emisión, después de haber vivido éxitos que han hecho historia (¡ha habido de todo!)… después de que han pasado casi veinte años, siento que estoy viviendo el mejor momento creativo que ha tenido la televisión en España y en el mundo entero. Nunca hubo propuestas tan distintas, ni tanta gente engachada a la serialidad, ni tantas páginas de periódicos dedicadas a la ficción, ni tantas marquesinas de autobuses anunciando nuestras historias.

 

Enamorada de la narrativa televisiva por lo que tiene de imprevisible, por su longitud (¡qué maravilla poder asistir a la vida de unos personajes durante tantos capítulos!), por ser campo de pruebas en los que se experimenta con estructuras, con formatos, con géneros… tengo la sensación de que todo es posible, de que no hay límite, de que se puede contar lo que se quiera, en la época que a uno le dé la gana, con producciones más caras o más baratas. Todas nuestras ideas caben en algún lugar, algunas seguirán llenando nuestros prime times en las cadenas en abierto, otras buscarán hueco en plataformas que apuestan por productos para un público más minoritario y algunas viajarán por el mundo (porque el mercado hace tiempo que no es solo local).

Como guionista estoy encantada de que las series nos hayan conquistado. Porque parece evidente que se van a quedar mucho tiempo en nuestros ordenadores, tablets, teléfonos y televisiones.

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